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    noviembre 07, 2009   10:34

    Continuando con mis escritos...

    A veces me sueño como en un cuento, sintiendo que soy libre y pensando en todo lo maravilloso que quiero, me veo expresarme, mostrarme como una mariposa que aletea donde quiera y posándode en cualquier lugar.

    Ah!! lal ibertad, esa sensación de felicidad, de energía, de tener ganas de, de...tan indescriptible e indescifrable, pero tan vívida al tiempo que permite la plenitud del alma y el cuerpo, del ser.

    Cuando escucho el sonido de una tambora me es tan imposible mantener quietas mis caderas y al repicar de un son, mis brazos empiezan a moverse como tentáculos de pulpo, sintiendo vibrar dentro de mi cada nota, los bajos que retumban en mis entrañas y me hacen nacer de nuevo. Me siento enamorada del amor, de la música, del sol, de mi cuerpo, de mi respiración, del llanto, del suspiro, del hombre y la mujer, de la vida, de mí misma.

    Logro sentirme con Dios, logro sentirme por una vez en la vida semejante a él como la Biblia lo dice y es grandioso, si Dios tiene todo ese poder que siento yo cuando soy libre lo envidio en grande es una sensación de otro mundo.

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    octubre 11, 2009   15:16


    Estoy segura que el amor no duele, eso es cierto, lo que duele es todo el proceso para llegar a él. De lo contrario no tendría sentido, no habría ningún tipo de satisfacción al llegar a él, no habría nada que lo motivara. Y yo estoy en ese proceso, tratando de hacerlo lo menos doloroso posible pero me he equivocado y mucho, supongo que de eso también se trata.

    Trato de repetirme una y otra vez lo que mi tía me enseño: "No se trata de que el otro sea igual a mí o piense como yo, se trata de que respetes su diferencia y si el cariño es verdadero está por encima de eso" Es una buena oportunidad para demostrarlo. La única razón que tengo en este momento que me demuestra que vale la pena es EL. He decidido darme a la guerra, quiero dar la pelea y llegar al paso final que es lo que llamamos amor.

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    septiembre 21, 2009   08:01

    Sé que he tenido mi blog muy descuidado últimamente y ni siquiera he podido subir vedeítos de cosas que me gustan como hace un tiempo lo hacía, sin embargo, he estado tan ocupada con mi nuevo rol de maestra que eso me absorbe casi todo mi tiempo y lo poco que me queda está para el novio, mi mamá y los amigos. Sin embargo, en mi otra pista de baile, he dejado escrito algo de mi experiencia como docente, si tienen algo de tiempo y les interesa, los invito a pasarse por allá y leerme; y si tienen algo que decir al respecto, bienvenido sea, siempre me interesarán lo que tengan para decir(me).

    Un abrazo a todos y gracias por visitar mi Casa Matriz a pesar de que esté llena de polvo y telas de araña.

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    septiembre 20, 2009   16:36


    Cuando sólo lo externo pasa por mis juicios, estoy limitada al universo de la superficialidad y la intransigencia. Para avanzar en el camino de la justicia debo impregnar mi agitada humanidad de una mirada serena y tomar un punto de vista distante de la situación problemática para “ver con otros ojos”.

    Cuidar solamente mis intereses no es la mejor manera para conseguir lo que quiero; si utilizo mis dones hacia un servicio más amplio, mis aspiraciones se cumplirán de un modo más positivo y satisfactorio, en justicia y equilibrio. Sé que alcanzar lo esencial me exige voluntad, creatividad, desprendimiento y entrega; pero como Atenea seré bañada con el agua de la vida que me permitirá llevar mis auténticas vestimentas.

    La justicia me llama a la sabiduría, no a la actitud de creerme dueña de la última palabra, sino al continuo ejercicio de aprender, de buscar con la pregunta del alma para que aflore la respuesta sincera y conectada que me abra el camino de las decisiones liberadoras.

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    junio 12, 2009   18:55

    En momentos difíciles y cuando el mundo se viene abajo (metafóricamente hablando, claro) lo que siempre me sostiene y mantiene es pensar en la familia. Se me viene la nostalgia por los ojos y grandes goterones caen de ellos pensando que a 500 kms de mí están los seres más maravillosos del mundo, los más importantes de mi vida, los que, justo en estos momentos empiezan a extrañarse con locura, los que uno quisiera tener al lado, los que se sienten en el alma.

    Diana acaba de decirme que soy terca y que además, cuando tengo problemas me encierro y no puedo evitar una sonrisa un poco malvada al pensar que es tal vez, el rasgo más característico de Orfilia (luego de su increíble soberbia por supuesto) y recuerdo una vez más de dónde vengo, lo que soy y de lo que estoy hecha.

    Uno despotrica mucho de la familia, yo despotrico mucho de la mía, pero lo que siento cuando estoy con ellos, cuando los veo, cuando los siento...ahí es cuando uno entiende por qué el hogar recibe ese nombre y por qué como la casa no hay dos. De nuevo me siento yo, soy yo, puedo ser yo y me libero porque al igual que yo, ellos se parecen a mí porque yo vengo de ellos y soy su propia construcción.

    Justo ahora quisiera estar en casa, aunque fuera un pequeño pedazo de ella, porque estar en casa me da la fuerza que necesito para saber que lo que estoy haciendo está bien, que voy por el camino correcto y que aún, si voy hacia atrás, hacia un abismo, habrá quien no me deje caer o en el peor de los casos quien me reciba abajo.

    Ahora extraño mucho a los viejos ¿qué harán solos, a esta hora en el otoño de sus vidas?

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      06:50

    Ya lo sabía yo, aún desde mucho antes de que Serrat también lo dijera, por eso, a mí también me dan risa y me dan lástima...a esos chulapos del gazapo, a los macarras de la moral.





    junio 04, 2009   17:26

    Nota: Lo aquí escrito es enteramente personal, producto de una reflexión del alba durante mi viaje a Mosquera.

    Llevo algo más de una semana sin mi MP3. La razón, mis audífonos caducaron. Desde el año pasado, cuando mis viejos Aiwa dejaron de funcionar, hasta la fecha he tenido al menos 3 pares de audífonos. Mis pequeños Aiwa me acompañaron durante toda mi carrera universitaria y un poco más con un sonido –debo decir- único; aunque eran pequeñitos y cabían perfectamente en mi oído su sonido era potente y claro. Luego, han venido una serie de audífonos desafortunados que he ido botando; algunos hasta trataron de ser arreglados por uno de los operarios eléctricos de la empresa donde trabajé, pero el trabajo quedó mal realizado, así que su destino fue la caneca de la basura. Éstos últimos los compró mi mamá hace un año más o menos (no lo recuerdo bien) y a los chicos del colegio donde trabajo les gustaban bastante, aunque desde hace algún tiempo solo venía funcionando un lado: el izquierdo.

    Así sin audífonos, he tenido que someterme a toda clase de sonidos, desde los más bonitos y agradables mañaneros –muy mañaneros-, hasta Radio 1, música cristiana etc. Sin embargo, la mañana del martes rumbo a Mosquera, fue la que me llevó a escribir esto, porque me di cuenta que en realidad ni siquiera estaba tan pendiente de la música o de lo que sucedía alrededor, estaba absorta en mí, viendo por la ventana, pero con la imaginación más allá de la galaxia más lejana. El día anterior habíamos tenido un accidente y yo ni siquiera me había dado cuenta por andar pensando en…no sé, lo que hubiese sido.

    No es la primera vez que me pasa, pero así como a algunas personas les viene bien pensar en el baño, a otras con un cigarro y un tinto en la boca o después de haber hecho una toma de yagé o fumado un “bareto” a mí me viene de maravilla pensar mientras camino o voy montada en un bus y sin mis audífonos. No supe en qué momento de la vida, la música portátil se convirtió en una necesidad para mí; es más, ahora que me dedico a pensar en ello, nunca lo ha sido realmente, se ha convertido en un sofisma de distracción.

    Yo soy bailarina por naturaleza y muy sensible a los sonidos. La música existe en mi vida desde antes de nacer y he crecido en un mundo musical y reacciono con mucha celeridad frente a los sonidos que me agradan y desagradan, la música es parte importante y fundamental de mi vida. De hecho, cuando era adolescente y estaba en el colegio, dormía con música toda la noche. Y aunque como es lógico suponer, la música altera mis estados de ánimo y los moldea algunas veces para bien y otras no tanto, ese martes en la mañana me di cuenta que también me distrae –lo que no significa que sea malo-

    Esta semana sin audífonos ha sido maravillosa, he vuelto a pensar en mí y conmigo, mi imaginación ha vuelto a renacer y mi mente ha vuelto a excitarse, tengo la oportunidad de estar conmigo de nuevo y recordé por qué es que me gusta caminar, sola, ligera y sin ruido, al menos uno claro que me acompañe durante mi trayectoria. Las mayores decisiones de mi vida, las más fundamentales, las más importantes, las que me han estado a punto de volverme loca, las que no me dejaban dormir, las que se repetían una y otra vez en mi cabeza, las que necesitaban cabeza fría; las tomé o caminando o montada en un bus sin mis audífonos porque había tenido la oportunidad de pensar –o cavilar que creo que es mejor. Precisamente por eso es que me gustan las noches –que justo ahora me son esquivas porque debo dormirme muy temprano-, porque en las noches mientras todos duermen, la calma y el silencio despuntan y las sensaciones, percepciones y miradas de las cosas que uno ve en el día son otras pero además, se siente, percibe y miran otras que pasan por alto en el día. Las noches, también son mis fieles cómplices en el arte de pensar, bien sea para pensar por pensar, para escribir, para leer, para organizar una idea, para soñar, para encontrarme. Ahora tiene más sentido lo que mi abuela y Placido Domingo dicen: “las discotecas no se hicieron para hablar”.

    Siempre estoy escuchando música, mientras hago oficio, mientras leo, mientras trabajo en el PC, cuando cocino, camino a algún lado, inclusive cuando duermo, la música ilumina mi vida, le da brillo y fuerza. Sin embargo, cuando no la tengo mi cuerpo experimenta una increíble sensación de paz, sosiego, de tranquilidad y de un placer infinito. Sola, en el apartamento puedo hacer este ejercicio cuantas veces quiera. No TV, no equipo, no PC, no teléfono, no grabadora, no MP3. Sólo el ambiente y yo. Y además de poder pensar, escucho una cantidad enorme de sonidos increíbles que había pasado por alto, hasta puedo oír a mis vecinos del edificio de enfrente. Y también miro cosas, no sólo las veo, cosas que a lo mejor han estado ahí y que jamás había reparado en ellas.

    Ese martes en la mañana pensé, que tenemos miles de cosas alrededor muy útiles: la TV, internet, los dispositivos de música portátil, celulares, palms, computadores, radio, prensa, revistas etc, pero también pensé esa misma mañana que definitivamente detesto la contaminación auditiva y ahora encontré una razón más, o tal vez la verdadera razón. Una amiga mía dice que el problema no es la herramienta, sino el uso que se le da y lo respaldo, creo que nos hemos imbuido tanto en éstos, más allá de la utilidad que nos pueda generar, que se han convertido en distractores. Prendo la TV para no sentirme solo(a), lo mismo pasa con la radio, la grabadora o el computador, porque no soy capaz de estar un rato a solas conmigo mismo(a)m, porque le temo a la soledad o porque quiero evadirme de algo y soy un inepto(a) para pensar en otras cosas que no sean las populares o comunes; porque no me atrevo a coger un libro o revista -que no sea de superación o farándula por favor- y ver otras cosas que existen más allá de los medios, simplemente porque es aburrido, porque no tiene nada de interesante en parar por un momento a mirar eso que no he mirado tal vez en años o a escuchar lo que tal vez nunca he escuchado.

    Cuando leo escucho chill, jazz o clásica y sin embargo, aún cuando las melodías no tiene letra, es imposible no desconcentrarme de mi lectura y dejarme imbuir por la música, oír a Debussy, Tchaikovsky, Chick Corea y demás es para mí todo un deleite sensorial. El no tenerlos, significa para mí desconectarme de este mundo para pasar a otros y pensar en otros.

    Cuando fui a la Laguna de Guatavita en abril rodeada de todo ese verde, sin el sonido producido por la ciudad estaba sobrecogida al cerrar los ojos y no oír nada más allá de la inmensidad. Es un silencio realmente imponente y uno se siente una micronésima parte del universo. Tener eso es tener la posibilidad no solo de encontrarse a uno mismo sino de descubrir otras cosas, de despertar la sensibilidad, de abrirse al infinito y de ser conscientes de la plenitud y la totalidad de las cosas.

    Justo ahora, que escribo esto, recuerdo un post anterior que escribí hace mucho tiempo sobre el silencio. La verdad a mí el silencio no me molesta, por el contrario me agrada enormemente cuando es el perteneciente a la última categoría. Frente al silencio solo estoy yo conmigo misma sin posibilidad de escapatoria, tal vez una sola: el sonido.

    Cualquier cosa que sea ruido, cualquiera que sea con tal de que nos saque de ese insoportable silencio que nos aburre, cualquier cosa que nos distraiga, que sea entretenida o “interesante”.

    Ahora sé por qué la gente acude tanto a las discotecas, bares y paseos; y menos a teatros, museos y caminatas. Los primeros nos llenan de endorfinas que nos suben el ánimo haciéndonos olvidar casi de cualquier preocupación produciendo en nosotros excitación; los segundos por el contrario nos obligan a pensar más en la vida, la realidad y nosotros mismos y eso es justo lo que no nos gusta, lo que no queremos, lo que no sabemos hacer.

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    abril 29, 2009   18:00



    Stop!! Eso es justo lo que quiero, justo lo que pido, justo lo que me pide. Tal como en la foto, mientras la vida gira y pasa muy a prisa, yo solo quiero bajarme de ese bus e ir a mi propio ritmo, que es, generalmente mucho más lento que el de los demás. Quiero tener esa pañoleta roja en mi boca en medio de todo ese negro para saber que yo no soy igual a los demás, que no me parezco a los demás ni soy como ellos.

    Alguna vez, cuando era pequeña las palabras "pueblerino" "montañero" y hasta "campesino" sonaban despectivas. Hoy comprendo que ellas no son despectivas en sí, sino que ese es más bien el "tono" que el ser humano a querido darle. ¿Por qué despectivo me pregunto yo? Porque el ser humano es tan estúpido, miope e ignorante, que todo lo que no esté de moda ni vaya con lo que la parada mundial estipule es "fo" y por supuesto hay que hacerle el "chay".

    Me he encontrado con muchos citadinos en esta ciudad de locos llamada Bogotá diciendo "pero es un pueblo...qué aburridor" "yo jamás podría vivir en un pueblo" "uy Pitalito, eso dónde queda" "me muero si no vivo en una ciudad" y a todas estas frases les sigue siempre una cara de fo (por no decir de culo, ya que mi mamá me ha vetado por usar tal expresión)

    Pueblerino es el que vive o es de un pueblo. Montañero el que ha nacido o vivido o vive en la montaña, así que si ha eso vamos el porcentaje de montañeros en Colombia es bastante alto; salvo los llaneros (oriundos de los llanos) y los costeños (oriundos de la Costa) el resto es montañero. El campesino es la persona que viene del campo, que ha nacido y crecido en él. Y desde mi punto de vista ninguno de estos tres adjetivos merece tono de burla.

    Yo soy pueblerina a secas. No soy montañera porque nací en medio de un valle (que no es el del Cauca) pero sí pueblerina. Y me he dado cuenta de ello y lo confirmo con creces cada día que paso en esta ciudad de locos llamada Bogotá, la ÚNICA CIUDAD de Colombia ufff!! Marika!!.

    Soy pueblerina no porque hable cantado, sea "lenta" (en el argot popular del citadino), me descresten las escaleras eléctricas, viva afiebrada por montar en Transmilenio o me parezca "muy loca" la gente que se viste "raro". No, soy pueblerina porque me gusta la vida tranquila, porque no me gusta coger bus (no estoy acostumbrada) y me gusta caminar porque sé de distancias cortas, me gusta conocer el nombre de mis vecinos y saludarlos cuando salgo de casa y llamarlos por su nombre, tener la posibilidad de pedirles un favor y hacerles uno con gusto si me lo pieden. Me gustan los espacios abiertos, gran cantidad de verde, aire puro, caminar sin temor de que un carro me atropelle, disfrutar de MI tiempo para MÍ como yo quiera, eso incluye amigos, familia, pareja, etc, tener el tiempo suficiente para levantarme de la cama con tranquilidad, disfrutar el amanecer, disfrutar el desayuno (poder desayunar), disfrutar del amanecer, tener la posibilidad de cuadrar citas con mis amigos para vernos y no decirles "hoy no puedo, estoy llena de cosas dejémos para otro día".

    Soy pueblerina porque me gusta la vida calmada, porque no me gustan los trancones y el enorme tiempo que se pierde en ellos y los largos tramos de recorrido porque ese tiempo puedo usarlo para cosas más bellas, soy pueblerina porque no me gustan los altos edificios atiborrados de gente que no se conoce entre sí y nunca se saluda, soy una pueblerina porque detesto vivir en el temor y la paranoia de que cualquier persona que se me acerque me va a hacer daño y luego tenga que vivir con el cargo de conciencia de haber podido ayudar a alguien bueno "de verdad". Soy pueblerina porque DETESTO con todas las fuerzas de mi ser el consumismo desmedido y desenfrenado, las conversaciones banales acerca de la ropa, las marcas, los sitios in, la comida in, los estrenos y todo lo in que no deja de ser más que un "in pasajero" como todo lo superficial y carente de fondo y DETESTO ver cómo a la gente se le va la vida en ello y cómo catalogan de fracaso no haber podido disfrutar de ese momento de "luz" porque era muy importante para sus vidas y ya nada volverá a ser igual.

    Yo no sé de esas cosas, todo eso es ajeno para mí e incluso me parece hasta bonito a veces. Yo no puedo negarlo, es bonito y deslumbra. La buena comida, el buen vino (que tanto me gusta), ir a ver una buena película cuando se estrena, tal vez ir al concierto de algún artista que me guste mucho o ir a una exposición de arte. Pero NADA de eso es importante para mí. Yo crecí sin oir emisora; la música que oí de niña era la que escuchaban mis abuelos, de ahí que me guste tanto el jazz, como la salsa, tanto el bolero como la clásica. Yo me devoraba la biblioteca familiar a mis 8 años, mientras la mayoría (en las ciudades) oía emisora, iba a cine y de pronto hasta a conciertos.

    Yo aprendí a disfrutar la vida de otra forma, a ver la belleza justo ahí en donde no estaba, o al menos no tan visible. Yo aprendí a gozar y a erizarme con Chopin, Beethoven y Tchaikovsky, a moverme al son de la Fania All Stars y a enamorarme con Los Panchos o Armando Manzanero. Yo aprendí que la imaginación es lo mejor que puede tener un niño leyendo los cuentos que había en la biblioteca de mi casa y las enciclopedias. Aprendí más de literatura, geografía e historia en ellos que en el cole, leí la Ilíada y la Odisea a los 10 y aún lo hago con el mismo entusiasmo que la primera vez. Crecí oyendo las discusiones que se daban en casa entre mi papá, mi tío y mi abuelo sobre las "cosas importantes del país". La música y la literatura fueron mis dos grandes compañeras durante mi niñez y adolescencia, pero de forma diferente. Yo no supe de conciertos, menos de estrenos de películas, nunca oí emisora (y aún no la escucho) no supe lo que estaba de moda, no fui a centros comerciales y menos visité sitios "in".

    Me sentía extraterrestre en ese entonces porque ninguna de mis compañeras compartía mis gustos. Me siento extraterrestre justo ahora, cuando la gente de la que me rodeo tampoco. Para mí son importantes otras cosas y mi fuero interno sigue siendo pueblerina.

    ¿Dónde está lo que sí es realmente importante? El amor, la familia, la lealtad, la fidelidad, el respeto, vivir la vida.

    A mí la vida no se me va en vida sibarita (aunque quisiera tener mucha ropa y bonita y tener la capacidad de comprar la que yo quisiera), y farandulera. A mí la vida se me va en aquello que para mí alimenta el espíritu. Un libro, una bella pieza musical, una película entrañable, una bella obra de pintura y ni hablar de un montaje de teatro o de danza. Pero nada de eso tiene que ver con lo que esté de moda, o porque es el "fulano de tal".

    Quiero hacer un alto, necesito hacer una parada porque en este mundo tan convulso y consumista estoy perdiéndome de a poquitos. Debo hacer el balance y el equilibrio perfecto entre mi "alma pueblerina" y mi mundo citadino (marikis). Recuerdo que Santiago, al final me decía que había cambiado, que me había vuelto muy snob y farandulera. Yo me reía de eso, porque si de algo estoy completamente segura es que de eso no hay nada en mí.

    No hay nada de malo en ser pueblerino, me da risa del sentido despectivo que usa el citadino y me apena la verguenza que le da al pueblerino reconocerlo. No voy a decir mentiras, no voy a salir corriendo a vivir a Pitalito, porque además Pitalito no me gusta y me aburro mucho luego de una semana. Tampoco voy a negar que Bogotá me gusta, tiene de todo y hay una amplia variedad de cosas, uno elige con qué se queda y con qué no, pero sí sé que no mi ciudad, al menos no en la que quiero vivir mi vejez. Definitivamente quiero algo tranquilo, quiero tiempo para mí y para lo que amo.

    Yo amo leer un buen libro (uno que me llegue), recibir sorpresas, bailar, ver las puestas de sol, mirar el cielo estrellado de Pitalito, tener un buen compañero de risas y reír hasta que me desmaye, hacer una siesta arrunchadita, caminar en la arena o en el pasto descalza, sentir el olor de mi mamá y de mi abuela en mi nariz, hablar con mi abuelo y ver su inocencia en cada una de sus palabras, disfrutar de mis primitas, amar a la Rukus tanto como pueda, sentir el olor a humedad en el ambiente, caminar con la brisa en la cara, escribir, dar sorpresas, compartir con los amigos y un largo, largo, largo etcétera de cosas que me hacen vibrar de sólo recordarlas, y que no puedo perder(las) que me hacen realmente vibrar y que me llenan más que una buena y apetitosa comida en el mejor y más caro restaurante de la ciudad.

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    Bienvenidos sean todos a mi casa, la que también es de ustedes. Pasen, sigan, siéntense o acomódense donde quieran, donde más les plazca. Eso sí, recuerden que ésta es la casa de una Bailarina, por lo que el espacio más grande, hermoso y agradable es el salón de baile. Ahí, es donde paso la mayor parte del tiempo, sola o acompañada, donde soy feliz.
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    A little bit of narcissism won't hurt, and vanity isn't a sin.

    Una negra disfrazada de blanca, gitana por azar, nueva economista, nostálgica, melancólica, irremediablemente terca, complicada y compleja, ambivalente, acuariana según el horóscopo, amante compulsiva del blues el jazz y el bossa, bailarina innata y bailarina de salsa casino, en exceso sensible, derretida por un chocolate y un vino tinto, cantante e imitadora por hobby y alguien que empezó hace algún tiempo a descubrir quién era en realidad....

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