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    noviembre 01, 2012   16:32


    “Muy emotiva” me dijo mi mamá. “Es una película de viejitos”, pienso yo y probablemente eso le diga a la gente. “Y tiene un excelente reparto” es mi segunda frase. Habrá quienes piensen que es una película para viejitos, pero la verdad es que TBEMH (The Best Exotic Marigold Hotel) es una película sobre la vejez. Hacía mucho tiempo no veía una película cuya escena inicial me enganchara tanto y fuera un abrebocas perfecto para lo que viene. Evelyn (Judi Dench), maravillosa y sorprendente mujer que uno ama durante toda la película porque tiene el papel más bello de los 7, se encuentra al teléfono tratando de lidiar con la operadora de su proveedor de internet, que no hace más que repetirle el mismo guion aprendido unas 3 o 4 veces: “lo siento, si no está el titular de la cuenta no podemos hacer nada” y el titular de la cuenta es su esposo quien murió hace unos días atrás. Evelyn se lo ha hecho saber a la operadora quien sigue con su perorata una y otra vez sin detenerse a pensar en lo que Evelyn le está diciendo, y al final un suspiro y se rinde, no hay mucho que hacer frente a esta desgracia moderna llamada “servicio al cliente”. Evelyn ha llegado a un punto de quiebre en su vida, acaba de enviudar y ahora su vida depende enteramente de ella y no hay nadie más que ella de quien deba preocuparse ¿Qué hacer? Graham, Muriel, Douglas y Jean Anslie, Madge y Norman están igual.

    Todos están en el otoño de sus vidas y no saben qué hacer o mejor aún, no saben cómo hacerlo. La vejez, esa época que se supone debería ser la más maravillosa porque se combinan la seguridad y la tranquilidad de la experiencia y los años vividos. Sin embargo, occidente se ha caracterizado por dar un mal trato a sus ancianos pese al eufemismo de darles prioridad en los lugares de atención públicos; pero la vejez se ha convertido en ese estrecho limbo entre la prioridad y el olvido, entre el trato especial y la minusvaloración, entre la condescendencia y el pesar. Ser viejo en occidente es ser casi tanto un estorbo como una obsolescencia, más allá de que ellos lo sientan así, es que el ser humano ha diseñado el mundo moderno para que sea así: vertiginoso, frenético, sin espacio para la reflexión o la pausa y la vejez deja la prisa y hace del sosiego su amigo y se dedica a disfrutar de lo que hay y de lo que tiene y probablemente se devuelva a alguna época atrás donde se haya sido más feliz; ya el día a día no importa como tampoco importa la inmediatez o lo nuevo muchas veces porque no lo entiende.

    TBEMH ni es el mejor, ni es exótico, ni mucho menos es hotel ¿O de pronto sí? Fue un hotel antaño pero de sus años dorados no quedan si no un montón de estructuras viejas y a punto de caerse, el hotel tuvo que ser bello, pero ahora sólo está un muchachito joven (Dev Patel) con muchos sueños pero poca plata en el bolsillo a su cargo. Exótico tal vez, para los occidentales cualquier cosa oriental es exótica y estos 7 ancianos ingleses decidieron dar un cambio a sus vidas y retirarse a disfrutar de las delicias de un maravilloso hotel en la ciudad de Jaipur al noroeste de la India, país que otrora fuera una colonia británica, de alguna manera sienten que es un deber de India con ellos. Pero al llegar, este hotel no es ni la sombra de sus años de gloria y está tan resquebrajado como las vidas de estos sujetos que salieron huyendo de Inglaterra como huyendo de sus vidas para terminar encontrándolas a 7 mil km de distancia.

    Jaipur se convierte en una oportunidad para renacer, para dejar salir todo aquello que se ha reprimido durante tanto tiempo porque la rutina, porque la familia, porque el protocolo, porque el estatus, para dejar salir los deseos, las pasiones, los sentimientos, para hacer lo que siempre se quiso, para intentar, para probar, para iniciarse, para descubrir, para comenzar e incluso para terminar. Disfruté el eclipse del Hotel Marigold como una analogía del eclipse de la vida de sus visitantes y ver cómo tanto el uno como los otros, vuelven a encontrar la forma de darle brillo a sus vidas. Las vidas de estos personajes (tanto ingleses como indios) en y con el hotel se entretejen de manera sigilosa e inesperada y al final de la película todos son conscientes de cuánto y cómo han cambiado sus vidas.

    Todas son historias conmovedoras, emotivas, como dijo mi mamá. Y a mí, pese a que me desternillé de risa toda la película, me tocó la fibra más delicada porque me acordó de mis abuelos, la reciente viudez de mi abuela y la partida de mi abuelo que tanto me duele aún. Y pensé en ellos y en su mundo y la forma como conciben el mundo y como se relación con él, y entendí que quedar viudo a los 80 años es quedar solo en la vida y que nosotros, los más jóvenes simplemente no entendemos el mundo de los viejos, que queremos que ellos se acomoden a nosotros cuando es realmente al revés, que somos intransigentes, intolerantes e impacientes y que somos nosotros los que debemos bajarle al acelere para ir a su ritmo.

    Evelyn tiene una historia maravillosa. Una mujer que recién viuda tiene que enfrentar el mundo por primera vez sola y tomar decisiones y que sin ningún temor decide lanzarse a un mundo desconocido en un país que le es extraño pero en algo que ella sabe mejor que cualquiera: cómo tratar a los clientes que llaman a los “call center” como seres humanos. Y al final, a esta mujer que en un momento de su vida creyó perderlo todo, de repente lo que le sobran son ilusiones y motivos, incluso el amor.

    La historia de Graham es la más bella de todas, no pude parar de llorar al conocer su vida y el verdadero motivo por el cuál decide visitar (volver) a  Jaipur: un viejo amor, uno inesperado, uno eterno. El encuentro es bello, y la complicidad de Evelyn y Douglas es bella, cómo ellos con su silencio acompañan al que ahora se ha convertido en su amigo y lo dejan cerrar un asunto importante de su vida, tal vez el más importante y Graham ha vuelto a vivir y por segunda vez a ser feliz como lo fue hace muchos siendo un joven adolescente. Ahora, con todo en orden, simplemente se va en medio de la calma de un hotelucho que se cae a pedazos y del calor sofocante indio.

    Odié a Jean Ainslie durante casi toda la película, sentí rabia y deseos de gritarla por su intolerancia, su desprecio hacia todo y su amargura que resultaban en una constante humillación a su esposo, Douglas quien no era más que un pobre hombre agobiado e infeliz. Pero Jean también lo era, era un matrimonio infeliz, viviendo una vida infeliz que había hecho de ellos unos seres miserables, pero Jean decidió dejar salir su amargura al mundo exterior criticando todo lo que veía a su paso impidiéndose ser feliz en otros espacios y disfrutar otras cosas y tratando de quitar la felicidad a los otros, los demás debían compartir su amargura, si ella era infeliz ¿por qué los demás no lo eran? Sólo había una cosa que la motivaba; Graham, a quien tenía en especial concepto porque era la clase de hombre que ella creía merecer y no el perdedor que creía tenía por esposo, pero estaba equivocada de cabo a rabo tanto en eso como en todo en la vida. Mientras tanto Douglas decidió hacer de Jaipur un lugar de escape a su desdicha y permitirse ser feliz aun por breves momentos en otros contextos y con otras personas, se dio la oportunidad de conocer y explorar y (re)descubrió algo que volvió a darle brillo a su vida y a su vez, Jean entendió que estaba equivocada, que lo mejor era partir (en todas las acepciones de la palabra) para ella también ser libre, no sé si feliz, pero al menos sí libre.

    El cambio más radical de la historia es el de Muriel, que de ser una huraña y xenófoba, pasa a ser la más involucrada con el hotel y la gente que ahí trabaja y su historia de vida es realmente conmovedora porque es el reflejo claro del “hoy tenemos, mañana no sabemos” sobre todo cuando se es viejo y el único lugar al que uno parece pertenecer es el cuarto de San Alejo.

    Aparentemente está un poco chiflado y uno pensaría que fuera de todo contexto y uno le exige a Norman que se comporte de acuerdo a su edad, ya no es un joven para andar de gigoló conquistando mujeres y follarlas hasta el cansancio ¿quién dijo que es edad para tener erecciones? Ni pensarlo!! Norman!!! Tu tiempo ha pasado, los placeres sexuales son propios de la juventud así como llevar el cabello largo, los viejos se comportan como viejos y eso quiere decir nada de erecciones, porque acuérdate, en occidente, estar viejo es como estar muerto. Sin embargo, todo este show de Norman no es más que un grito de auxilio diciendo “hey, soy viejo, pero también estoy vivo” y es que estar viejo y estar vivo quiere decir que las necesidades físicas son las mismas, probablemente con intensidades distintas o de formas distintas, pero Norman quiere enamorarse y que se enamoren de él, aunque sea por una noche y quiere flirtear y vestir bien y levantar alguna mujer que lo acompañe en la noche para sentir sus manos recorriendo su cuerpo, porque estar viejo no es lo mismo que estar muerto.

    La bella Madge también está en busca de compañía, pero sabe esperar, sabe que la soledad también es una opción si la compañía adecuada no aparece y lleva la vida con simpatía y sin pedirle mucho, más bien disfruta lo que ella le da y de la manera que venga, las cosas son como son y hay otras que no van a cambiar, así que lo mejor es “relajarse y disfrutar”.

    Este septeto geriátrico encontrará en la exótica India cómo renacer y aprenderá que aún en los 10 últimos minutos del partido todavía hay mucho por aprender y descubrir, que nunca es tarde para empezar o intentarlo y que nunca es inadecuado volver a sentir mariposas en el estómago y entregarse a los placeres del mundo que vienen en formas variadas y a veces, de la manera más inesperada. 

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    Una negra disfrazada de blanca, gitana por azar, nueva economista, nostálgica, melancólica, irremediablemente terca, complicada y compleja, ambivalente, acuariana según el horóscopo, amante compulsiva del blues el jazz y el bossa, bailarina innata y bailarina de salsa casino, en exceso sensible, derretida por un chocolate y un vino tinto, cantante e imitadora por hobby y alguien que empezó hace algún tiempo a descubrir quién era en realidad....

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