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    abril 29, 2009   18:00



    Stop!! Eso es justo lo que quiero, justo lo que pido, justo lo que me pide. Tal como en la foto, mientras la vida gira y pasa muy a prisa, yo solo quiero bajarme de ese bus e ir a mi propio ritmo, que es, generalmente mucho más lento que el de los demás. Quiero tener esa pañoleta roja en mi boca en medio de todo ese negro para saber que yo no soy igual a los demás, que no me parezco a los demás ni soy como ellos.

    Alguna vez, cuando era pequeña las palabras "pueblerino" "montañero" y hasta "campesino" sonaban despectivas. Hoy comprendo que ellas no son despectivas en sí, sino que ese es más bien el "tono" que el ser humano a querido darle. ¿Por qué despectivo me pregunto yo? Porque el ser humano es tan estúpido, miope e ignorante, que todo lo que no esté de moda ni vaya con lo que la parada mundial estipule es "fo" y por supuesto hay que hacerle el "chay".

    Me he encontrado con muchos citadinos en esta ciudad de locos llamada Bogotá diciendo "pero es un pueblo...qué aburridor" "yo jamás podría vivir en un pueblo" "uy Pitalito, eso dónde queda" "me muero si no vivo en una ciudad" y a todas estas frases les sigue siempre una cara de fo (por no decir de culo, ya que mi mamá me ha vetado por usar tal expresión)

    Pueblerino es el que vive o es de un pueblo. Montañero el que ha nacido o vivido o vive en la montaña, así que si ha eso vamos el porcentaje de montañeros en Colombia es bastante alto; salvo los llaneros (oriundos de los llanos) y los costeños (oriundos de la Costa) el resto es montañero. El campesino es la persona que viene del campo, que ha nacido y crecido en él. Y desde mi punto de vista ninguno de estos tres adjetivos merece tono de burla.

    Yo soy pueblerina a secas. No soy montañera porque nací en medio de un valle (que no es el del Cauca) pero sí pueblerina. Y me he dado cuenta de ello y lo confirmo con creces cada día que paso en esta ciudad de locos llamada Bogotá, la ÚNICA CIUDAD de Colombia ufff!! Marika!!.

    Soy pueblerina no porque hable cantado, sea "lenta" (en el argot popular del citadino), me descresten las escaleras eléctricas, viva afiebrada por montar en Transmilenio o me parezca "muy loca" la gente que se viste "raro". No, soy pueblerina porque me gusta la vida tranquila, porque no me gusta coger bus (no estoy acostumbrada) y me gusta caminar porque sé de distancias cortas, me gusta conocer el nombre de mis vecinos y saludarlos cuando salgo de casa y llamarlos por su nombre, tener la posibilidad de pedirles un favor y hacerles uno con gusto si me lo pieden. Me gustan los espacios abiertos, gran cantidad de verde, aire puro, caminar sin temor de que un carro me atropelle, disfrutar de MI tiempo para MÍ como yo quiera, eso incluye amigos, familia, pareja, etc, tener el tiempo suficiente para levantarme de la cama con tranquilidad, disfrutar el amanecer, disfrutar el desayuno (poder desayunar), disfrutar del amanecer, tener la posibilidad de cuadrar citas con mis amigos para vernos y no decirles "hoy no puedo, estoy llena de cosas dejémos para otro día".

    Soy pueblerina porque me gusta la vida calmada, porque no me gustan los trancones y el enorme tiempo que se pierde en ellos y los largos tramos de recorrido porque ese tiempo puedo usarlo para cosas más bellas, soy pueblerina porque no me gustan los altos edificios atiborrados de gente que no se conoce entre sí y nunca se saluda, soy una pueblerina porque detesto vivir en el temor y la paranoia de que cualquier persona que se me acerque me va a hacer daño y luego tenga que vivir con el cargo de conciencia de haber podido ayudar a alguien bueno "de verdad". Soy pueblerina porque DETESTO con todas las fuerzas de mi ser el consumismo desmedido y desenfrenado, las conversaciones banales acerca de la ropa, las marcas, los sitios in, la comida in, los estrenos y todo lo in que no deja de ser más que un "in pasajero" como todo lo superficial y carente de fondo y DETESTO ver cómo a la gente se le va la vida en ello y cómo catalogan de fracaso no haber podido disfrutar de ese momento de "luz" porque era muy importante para sus vidas y ya nada volverá a ser igual.

    Yo no sé de esas cosas, todo eso es ajeno para mí e incluso me parece hasta bonito a veces. Yo no puedo negarlo, es bonito y deslumbra. La buena comida, el buen vino (que tanto me gusta), ir a ver una buena película cuando se estrena, tal vez ir al concierto de algún artista que me guste mucho o ir a una exposición de arte. Pero NADA de eso es importante para mí. Yo crecí sin oir emisora; la música que oí de niña era la que escuchaban mis abuelos, de ahí que me guste tanto el jazz, como la salsa, tanto el bolero como la clásica. Yo me devoraba la biblioteca familiar a mis 8 años, mientras la mayoría (en las ciudades) oía emisora, iba a cine y de pronto hasta a conciertos.

    Yo aprendí a disfrutar la vida de otra forma, a ver la belleza justo ahí en donde no estaba, o al menos no tan visible. Yo aprendí a gozar y a erizarme con Chopin, Beethoven y Tchaikovsky, a moverme al son de la Fania All Stars y a enamorarme con Los Panchos o Armando Manzanero. Yo aprendí que la imaginación es lo mejor que puede tener un niño leyendo los cuentos que había en la biblioteca de mi casa y las enciclopedias. Aprendí más de literatura, geografía e historia en ellos que en el cole, leí la Ilíada y la Odisea a los 10 y aún lo hago con el mismo entusiasmo que la primera vez. Crecí oyendo las discusiones que se daban en casa entre mi papá, mi tío y mi abuelo sobre las "cosas importantes del país". La música y la literatura fueron mis dos grandes compañeras durante mi niñez y adolescencia, pero de forma diferente. Yo no supe de conciertos, menos de estrenos de películas, nunca oí emisora (y aún no la escucho) no supe lo que estaba de moda, no fui a centros comerciales y menos visité sitios "in".

    Me sentía extraterrestre en ese entonces porque ninguna de mis compañeras compartía mis gustos. Me siento extraterrestre justo ahora, cuando la gente de la que me rodeo tampoco. Para mí son importantes otras cosas y mi fuero interno sigue siendo pueblerina.

    ¿Dónde está lo que sí es realmente importante? El amor, la familia, la lealtad, la fidelidad, el respeto, vivir la vida.

    A mí la vida no se me va en vida sibarita (aunque quisiera tener mucha ropa y bonita y tener la capacidad de comprar la que yo quisiera), y farandulera. A mí la vida se me va en aquello que para mí alimenta el espíritu. Un libro, una bella pieza musical, una película entrañable, una bella obra de pintura y ni hablar de un montaje de teatro o de danza. Pero nada de eso tiene que ver con lo que esté de moda, o porque es el "fulano de tal".

    Quiero hacer un alto, necesito hacer una parada porque en este mundo tan convulso y consumista estoy perdiéndome de a poquitos. Debo hacer el balance y el equilibrio perfecto entre mi "alma pueblerina" y mi mundo citadino (marikis). Recuerdo que Santiago, al final me decía que había cambiado, que me había vuelto muy snob y farandulera. Yo me reía de eso, porque si de algo estoy completamente segura es que de eso no hay nada en mí.

    No hay nada de malo en ser pueblerino, me da risa del sentido despectivo que usa el citadino y me apena la verguenza que le da al pueblerino reconocerlo. No voy a decir mentiras, no voy a salir corriendo a vivir a Pitalito, porque además Pitalito no me gusta y me aburro mucho luego de una semana. Tampoco voy a negar que Bogotá me gusta, tiene de todo y hay una amplia variedad de cosas, uno elige con qué se queda y con qué no, pero sí sé que no mi ciudad, al menos no en la que quiero vivir mi vejez. Definitivamente quiero algo tranquilo, quiero tiempo para mí y para lo que amo.

    Yo amo leer un buen libro (uno que me llegue), recibir sorpresas, bailar, ver las puestas de sol, mirar el cielo estrellado de Pitalito, tener un buen compañero de risas y reír hasta que me desmaye, hacer una siesta arrunchadita, caminar en la arena o en el pasto descalza, sentir el olor de mi mamá y de mi abuela en mi nariz, hablar con mi abuelo y ver su inocencia en cada una de sus palabras, disfrutar de mis primitas, amar a la Rukus tanto como pueda, sentir el olor a humedad en el ambiente, caminar con la brisa en la cara, escribir, dar sorpresas, compartir con los amigos y un largo, largo, largo etcétera de cosas que me hacen vibrar de sólo recordarlas, y que no puedo perder(las) que me hacen realmente vibrar y que me llenan más que una buena y apetitosa comida en el mejor y más caro restaurante de la ciudad.

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    Bienvenidos sean todos a mi casa, la que también es de ustedes. Pasen, sigan, siéntense o acomódense donde quieran, donde más les plazca. Eso sí, recuerden que ésta es la casa de una Bailarina, por lo que el espacio más grande, hermoso y agradable es el salón de baile. Ahí, es donde paso la mayor parte del tiempo, sola o acompañada, donde soy feliz.
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    Una negra disfrazada de blanca, gitana por azar, nueva economista, nostálgica, melancólica, irremediablemente terca, complicada y compleja, ambivalente, acuariana según el horóscopo, amante compulsiva del blues el jazz y el bossa, bailarina innata y bailarina de salsa casino, en exceso sensible, derretida por un chocolate y un vino tinto, cantante e imitadora por hobby y alguien que empezó hace algún tiempo a descubrir quién era en realidad....

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